"Siento que Dios me llama para hacer el bien en la tierra"

P. Usera

Año 1.864

Jerónimo Usera

Sor Rocío

  • Asamblea Intercapitular 

El día 21 de julio comienza la Asamblea Intercapitular que se celebrará en la Casa General de la Congregación de Hermanas del Amor de Dios. 

Participarán 41 hermanas de diferentes continentes y países. Un día estarán 6 seglares de la Península Ibérica, 4 de España y dos de Portugal.

A lo largo de estos días estaremos en comunicación e iremos informando de las diferentes celebraciones.

  • La Iglesia celebra el 11 de junio la Jornada Pro Orantibus

La Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha preparado los materiales para la Jornada Pro Orantibus 2017 en torno al lema: “Contemplad el mundo con la mirada de Dios”. Los objetivos principales de esta jornada son orar a favor de los consagrados y consagradas en la vida contemplativa, dar a conocer la vocación específicamente contemplativa y promover iniciativas pastorales dirigidas a incentivar la vida de oración.

“Contemplad el mundo la  mirada de Dios”

Domingo, 11 de junio de 2017. (Solemnidad de la Santísima Trinidad).

Pincha en el siguiente enlace para descargar los materiales de la Conferencia Episcopal Española.

- Página oficial de la Conferencia Episcopal Española 

   

Jornada mundial de oración por las vocaciones 

imagen Jornada Mundial de Oración por las vocaciones  Empujados por el Espíritu para la Misión

Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.

Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios.

Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros «deberes que cumplir», nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.

María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.

P. Francisco