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Jerónimo Usera, Convencido de que Dios le ha elegido, se abre al amor de Dios en el silencio y la oración del Cister, a la temprana edad de catorce años. La situación política le obliga, en 1835, a cambiar la paz y armonía del claustro por la contemplación en medio de la acción solidaria y liberadora de la sociedad de su tiempo.

El rumbo de su vida está decidido. Jerónimo sabe leer el querer de Dios en los acontecimientos históricos y, movido por la fuerza interior de su experiencia cisterciense, inicia nuevos caminos de evangelización y promoción humana, en tres continentes: Europa, África y América.

J. Usera, después de la exclaustración pasa por muchas vicisitudes y se ocupa en diferentes trabajos: párroco rural, profesor universitario en la Universidad Central, primer misionero católico en Guinea española, párroco de Uceda, canónigo en Santiago de Cuba, deán de Puerto Rico y de La Habana. Su personalidad profundamente religiosa y comprometida con la dignificación de la persona se revela sobre todo en la acción pastoral y pedagógico-social que desarrolló en cada uno de los lugares donde ejerció su ministerio sacerdotal.

"Nunca llamó a sus puertas una necesidad que no fuera al instante socorrida".

Muere Jerónimo Usera en La Habana, pobre de bienes y sobreabundante de méritos, el 17 de mayo de 1891. Su lema "decir la verdad y hacer el bien" en servicio de Dios y de los hombres, fue la razón de sus palabras, su pobreza, sus riesgos y su obediencia y sumisión a la Iglesia.