"Siento que Dios me llama para hacer el bien en la tierra"

P. Usera

Año 1.864

Jerónimo Usera

Sor Rocío

Quiénes somos

Carisma y espiritualidad

 carisma

 ¿Quiénes somos? 

 Las que hoy somos en el mundo "Hermanas del Amor de Dios", llevamos una ilusión en los ojos y una tarea entre manos: ser mujeres fieles en el seguimiento de Jesús, vivir felices en la entrega a la evangelización, saborear y celebrar con los demás este Amor que Dios nos regala.

Nos llama el clamor de la evangelización. Nos mueve el Espíritu. ¡El amor de Cristo nos urge!

Somos una Congregación religiosa de vida apostólica, fundada por el sacerdote Jerónimo Mariano Usera y Alarcón.

  • "Reclutaré almas generosas que quieran servir a Dios de balde".

  • "No tendrán otra recompensa que consumirse por el santo Amor de Dios".

  • "Que el Señor llene vuestro corazón del santo Amor de Dios".

  • "La necesidad de evangelio, cultura y humanización es para nosotras una llamada permanente y acudiremos con respuesta encarnada".

 ¿Carisma?

 "Encarnar el Amor de Dios en la vida, de modo que cada hermana llegue a ser una manifestación permanente del Amor de Dios a los hombres”.

"Nosotros amémonos, porque El nos amó primero" (1Jn.4,19)

Experimentar el amor gratuito de Dios Padre-Madre y ser expresión de este amor entre los hermanos, es la línea de vida de nuestra espiritualidad, la raíz máxima de todas las experiencias que integra, da sentido y plenifica cada una de ellas e imprime en nosotras una cualidad que integra toda nuestra vida personal, comunitaria y de misión. Se expresa en:

  • Ser contemplativas del Amor de Dios, a la escucha de la Palabra y del hermano.

  • Vivir proféticamente la acogida y la entrega gratuita del amor: "dar y recibir de balde".

  • Crear tiempos fuertes para la alabanza, la escucha, la celebración, la fiesta, y ofrecer estos espacios al hombre de hoy en la comunidad eclesial

  • Optar preferentemente por los más desfavorecidos

  • Hacer donación de nuestra vida en entrega desinteresada con alegría, acogida, disponibilidad y servicio

cuadro"Nosotros hemos conocido el Amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él" (1Jn.4,16).

El Carisma Amor de Dios nos urge a evangelizar, comprometiéndonos en la construcción de la cultura del Amor. Impulsadas por este amor, pretendemos:

Descubrir las semillas del Reino que hay en cada cultura , cultivar los signos de vida que hay en ella e impregnarla de los valores del evangelio.

Expresar la cultura del amor con gestos significativos.

Actuar desde la pedagogía del Amor. Educamos con nuestro ser y nuestro hacer, "el principal libro es la maestra".

Sembrar a nuestro alrededor valores de solidaridad, fraternidad, justicia y paz.


La fe en Jesús resucitado y la fuerza del Espíritu convocó a la primera comunidad que vivió una experiencia decisiva de amor gratuito, vínculo de fraternidad nueva. Esta misma experiencia nos convoca a nosotras a:

  • Vivir la espiritualidad en comunitaria

  • Construir comunidades de vida

  • Compartir el Carisma con las personas de nuestro tiempo, creciendo progresivamente en la espiritualidad "Amor de Dios", comprometidos en una tarea común de evangelización y proyectos concretos de solidaridad.

  • Rasgos de la espiritualidad de las Hermanas del Amor de Dios

Después de asistir a la consagración de la primera comunidad, ofrecemos una breve síntesis de los principales contenidos de las reglas que profesaron. Es claro que si las redactó Jerónimo, también reflejan su fuerte personalidad espiritual.

Primacía del Amor: carisma y misión

El número primero abre la dimensión total de la nueva Congregación: las hermanas, llamadas por el Padre para vivir el carisma del Espíritu –educar a las niñas por amor de Dios y para Dios–, realizan la misión del Hijo haciendo el bien a los hermanos. “Jamás olviden las hermanas el fin santo de su vocación, a saber: la enseñanza de las niñas por amor de Dios y para Dios… “Habéis, pues, venido, hermanas, a santificaros y hacer bien al prójimo... Tengan presente que trabajan por Dios y para Dios”. La invitación tiene sabor evangélico y recuerda las palabras de Pedro: “Pasó haciendo el bien” (Mc 7,37; Hech 10,38).

Jerónimo sitúa la Congregación en el núcleo de la espiritualidad cisterciense. Para él el abandono y la marginación de la mujer son obra del pecado del mundo y de la injusticia, porque deforman el proyecto original de Dios sobre la persona, creada a su imagen y semejanza: A imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó (Gén 1, 27).

En la donación del Espíritu, el Padre realiza en la persona la conformación con Cristo, según S. Bernardo y Jerónimo. Las Hermanas del Amor de Dios siguen a Jesús, en amor total, para actualizar en cada momento histórico su misión: liberar a la mujer, y a toda persona, de cuanto les impide re-cobrar la Belleza suprema de la Trinidad, conformarse con Cristo, Amor del Padre y del Espíritu. De esta forma, construyen el Reino y realizan el “amor socialis” que tanto gustaba a S. Bernardo.

Jerónimo también asume esta dimensión social en uno de los pasajes más densos de sus escritos: Cristo en cruz, en el momento del amor supremo no sólo entrega su vida por nosotros para hacernos hijos del Padre, sino que tiene la delicadeza de entregarnos a su Madre para que todos fuésemos hermanos e “igualmente hijos de la piadosísima Virgen María”:

“Cuando el Hijo de Dios lleno de un amor infinito se dignó verter su sangre preciosa por la salvación del mundo, llamó a todos los hombres hermanos, haciéndolos igualmente hijos de la piadosísima Virgen María. Este pensamiento sublime, lleno de filosofía y eminentemente social y católico a la vez, forma la base de nuestras tiernas devociones a la Virgen”.

El carisma de educar “por amor de Dios y para Dios”, haciendo visible la misión de “hacer el bien”, no es fácil. Jerónimo es consciente, por eso les pide que abracen “con gusto” el misterio de la cruz.

El cristiano no ama el dolor. Lo acoge cuando llega, y sale al encuentro de los hombres y mujeres clavados en la cruz para afirmar su grandeza. Jerónimo eligió a Cristo en cruz como lema y testimonio que llevan todas las hermanas: El Amor de Cristo nos apremia (2 Cor 5,14). Asumir la Cruz y la Belleza desfigurada del Crucificado es anunciar la Vida y la Pascua. Y el venero más profundo donde Jerónimo descubrió la belleza de hacer el bien; porque “la Cruz manifiesta en plenitud la belleza y el poder del Amor de Dios” (VC, 24).

Comunidad de vida y oración

La vida comunitaria es una obra de orfebrería con multitud de filigranas vividas por el grupo y por las personas concretas e irrepetibles que la conforman. Es, también, una de las experiencias más enriquecedoras, humana y espiritualmente, que el cisterciense Jerónimo –formado en la vida comunitaria– dejó en herencia a las Hermanas del Amor de Dios.

Tiene claro que la comunidad se construye sobre los valores evangélicos y proclama el nuevo estilo de vida de la primera comunidad de la Pascua (Hech 4,32-35). Para conseguirlo, Jerónimo quiere reunir un grupo de personas vocacionadas y libres que fundan sus relaciones, no en la sangre, sino en la fe en Jesucristo (Mc 3,31-35), única piedra angular en la que se apoya (1 Cor 10,4). La referencia a la Trinidad también es evidente. La “nueva familia” tiene a Dios por Padre y se realiza en el Amor, la igualdad, la humildad, la obediencia, la puesta en común y el servicio fraterno; se alimenta de la oración y de la Eucaristía para santificarse y testimoniar, con gozo, el Amor de Dios en la Iglesia y en la sociedad, consagrándose al ministerio de la enseñanza. La vivencia personal y comunitaria de la humildad, la apertura total al Espíritu y la acción de gracias, dan a la comunidad del Amor de Dios, querida por Jerónimo, una fuerte presencia de María de Nazaret. Estos puntos son clave para comprender sus

Obediencia

La obediencia surge de la llamada del Espíritu al Seguimiento y testimonia el deseo de identificar la propia vida con la de Jesús que vino para realizar la misión y voluntad del Padre: Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra (Jn 4,34).

Jerónimo es plenamente consciente de la consagración al Reino que expresan los consejos evangélicos. Por eso escribe: “La primera base y cimiento de la vida religiosa es la obediencia” filial… Obedezcan “con prontitud y alegría, seguras de que así llenan la voluntad de Dios” (Reg. Art. 1,5).

Virginidad

En este contexto de identificación con el misterio de Cristo, Jerónimo incluye “la fecundidad espiritual” de la virginidad, con palabras sencillas: “Excusado es encarecer la santa virtud de la castidad, y con cuánto esmero deben conservarla las hermanas” para seguir a Jesús (Reg. Art. 1,7) (VC, 22). El cardenal Carlo Maria Martini ve en la castidad “una actitud muy hermosa, acogida en su relación con la belleza del amor… La castidad no es negativa: al contrario, es un auténtico señorío sobre sí y, al mismo tiempo, reconocimiento del señorío de Jesús sobre nuestro cuerpo y nuestra vida… La castidad hace vivir en nuestro cuerpo la libertad del Espíritu que es fruto y amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí (Gál 5,22)”.

Humildad

En la concepción religiosa de S. Bernardo, la experiencia del propio pecado tiene prioridad. Reconocerlo humildemente es iniciar el camino del conocimiento de sí mismo –la verdad– y de la conversión: vuelta a la casa del Padre y al encuentro con los hermanos. Desde ahí acoge el misterio gratuito del perdón, desenmascara el orgullo, la apariencia, lo inútil, lo ficticio y se abre a la revelación del amor. Pero, sobre todo, la humildad es un don que, al ser recibido como tal, se expresa en acción de gracias ante el reconocimiento de la ternura y cercanía de Dios. Por eso, S. Bernardo escribe: “La humildad más profunda se halla impregnada del santo amor”.

Un autor tan distinto y tan cercano a nuestra mentalidad, E. Fromm, escribe en El arte de Amar: “El amor depende de la ausencia relativa del narcisismo y requiere el desarrollo de la humildad”. Formado en la escuela de Bernardo, Jerónimo expresa de formas distintas el valor de la humildad: “No olvidéis que cuanto más domine en vosotras el espíritu de humildad y pobreza, seréis más estimadas, más felices y más ricas” (Reg. Art. 1,6). “No hay cosa más agradable a Dios, que la humildad. Nuestro Padre San Bernardo dice que la Virgen Santísima fue elegida Madre de Dios precisamente por su grande humildad. El mismo Santo hablando de Nuestra Santísima Madre, dice que en su corazón se tenía por inferior a todos. Imitadla pues, hermanas mías, y no olvidéis que una persona vale más para con Dios, para con el mundo, y aun para sí misma, cuanto menos se estima. Siempre se verificará aquella sentencia del Evangelio: El que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado” (Reg. Art. 1,18).

Apertura a la Providencia

Es una de las dimensiones más evangélicas de Jerónimo: remite a la actitud filial del niño que descansa, seguro, en brazos del Padre-Madre. La confianza en la Providencia va unida a la esperanza, a la pobreza, a la libertad interior y a resituar las cosas en su verdadera dimensión, eliminando el acaparar y abriéndose al compartir: “El principal patrimonio con que deben contar es la Divina Providencia, que no desampara a los que obran el bien…” (Reg. Art. 1,2). “Y si alguna vez llagara a faltar lo necesario, no os acobardéis por eso, sino levantad vuestros ojos a Cristo, padeciendo sed y hambre por nosotros, y confiando en la Providencia que no abandona a los pajarillos de cielo” (Reg. Art. 1,9).

Trabajo e igualdad sin acepción de personas

“La vida común no consiste precisamente en comer y vestir las hermanas de un solo fondo, sino en trabajar las hermanas de consuno y para la comunidad; y en comer y vestir honestamente todas las hermanas de los productos de ese trabajo, debiendo ser igual para todas las hermanas, sin excepción… Tanto importa la vida común para la conservación de éste [Instituto, Congregación], y con tal rigor debe observarse, que las hermanas no percibirán presente ni regalo sin hacer participantes de él a todas las demás” (Reg. Art. 1,3

Sentido de la pobreza

Jerónimo sitúa el sentido profundo de la pobreza voluntaria en el contexto de comunión fraterna y de libertad para el Seguimiento de la comunidad apostólica: no es mero despojo, es negación de la apropiación egoísta y afirmación del compartir los bienes recibidos del Señor: “…Así, pues, como queda dicho, todo sea común entre todas las hermanas. A nada llamen suyo, sino nuestro” (Reg. Art. 1,6).

La vida de comunidad alcanza una de sus manifestaciones más expresivas en la mesa común, referencia a la Eucaristía y al amor. Después de afirmarlo, y de rechazar los posibles particularismos, concluye: “Cumplan exactamente con esto las hermanas, y de seguro que no decaerá nunca la vida común” (Reg. Art. 1,10

La alegría

Taflorl vez sea la experiencia más profunda de los testigos de la Pascua. Jerónimo la llama santa y dice a las hermanas: “Os recomiendo una santa alegría: ésta acompaña siempre a las buenas conciencias, así como la tristeza es enemiga de todo lo bueno” (Reg. Art. 1,8). El tema aparece en diferentes momentos. En todo caso, a demás de la raíz de filiación pascual, la contrapone a su enemiga la tristeza; en este punto entronca con la tradición monástica que siempre vio en la tristeza uno de los enemigos del monje, porque va unida a la pereza, a la desgana del Seguimiento, la acedia. A la superiora de la comunidad piden las Reglas: “Procure que las hermanas vivan alegres y contentas” (Reg. Art. 1,14).

Rechazo de la murmura

Entre sí y con los extraños de la comunidad: “No sólo huyan cuanto puedan de contribuir a la murmuración, sino que excusarán en su corazón y con la boca a los pobrecitos maldicientes”. Se explica porque es la negación de una comunidad de Hermanas del Amor de Dios. Y, al mismo tiempo, la afirmación de la madurez y elegancia espiritual que Jerónimo quería para ellas.

El perdón

El tema nos lleva de la mano a otro gran reto evangélico, el perdón y el resentimiento. El mandamiento nuevo del Señor, y su oración al Padre por quienes le habían crucificado en el momento supremo de dar la vida, son la revelación más convincente de la misericordia y acogida. Al mismo tiempo, perdonar es hacer memoria del Cuerpo entregado por nosotros y de la Sangre de la Nueva Alianza, “derramada para el perdón de los pecados”. Eso explica que Jerónimo pida, con insistencia, entrañas de perdón a todas las hermanas, tomando la iniciativa: “Súfranse mutuamente sus defectos, y si ocurriese alguna desazón entre ellas, jamás se acostarán sin haberse reconciliado entre sí. La primera de ellas que buscará a la hermana para la reconciliación, será la más humilde y por consiguiente la más digna de aprecio en la presencia de Dios y de las gentes” (Reg. Art. 1,18).

La paz

La paz es el saludo del Resucitado a la comunidad de la Pascua, por tanto la afirmación de una vida fraterna que se construye sobre relaciones distintas a las del mundo y a las del maligno. Jerónimo conoce la distinta escala de valores e invita a las Hermanas del Amor de Dios a vivirlos personal y comunitariamente: “¿Deseáis, hermanas, conservar la paz entre vosotras? Sed muy humildes, y si hay unión y paz entre vosotras, estad seguras de que entre vosotras está Cristo, según él mismo lo ha prometido; de lo contrario, el diablo no estará lejos” (Reg. Art. 1,18).

Las hermanas enfermas

La comunidad alcanza su mayor expresión de amor en la atención a las enfermas. Jerónimo lo manifiesta con el lenguaje más escogido y fraterno para quienes viven consagradas al Amor: “Excusado es recordar el gran cuidado y esmero con que debe tratarse a las enfermas…, sean con ellas muy caritativas y celosas” (Reg. Art. 1,40).

La oración en comunidad

No es una dimensión más. Es el punto de encuentro de la comunidad de la Pascua, como recuerdan los Hechos de los Apóstoles de formas distintas. Y es, al mismo tiempo, la afirmación gozosa de que el Espíritu ora en nuestro interior al Padre. Para Jerónimo, la oración era el clima habitual de su existencia y así lo enseñó a las hermanas en una expresión feliz que todas recuerdan con gratitud: “Por lo general, recen mucho y hablen poco y les irá bien en lo temporal y eterno” (Reg. Art. 1,23). La oración en comunidad marca el día de las hermanas, como refleja el Manual y repiten varias veces las Reglas.

La vida de oración adquiere tonalidades distintas en cada momento: contemplación en la meditación diaria, eucaristía y comunión en la celebración, encuentro personal e íntimo en la Visita al Santísimo, presente en medio de la comunidad de Hermanas del Amor de Dios; alabanza a la Madre en el rosario y avemarías distribuidas durante la jornada, recuerdo del Amor de Cristo hasta la muerte y muerte de cruz, en el viacrucis…

La presencia en la eucaristía es la “fuente que mana y corre” en las comunidades del Amor de Dios. Además de la participación diaria en la celebración comunitaria, escribió en las Reglas: “Sean muy devotas del Santísimo y raro sea el día que no recen una estación” (Reg. Art. 1,38). Y también: “Antes de salir de casa avisarán a la superiora; enseguida irán a la capilla para pedir al Señor luces para desempeñar bien su cometido y gracia para edificar con sus palabras y con su modestia a las gentes. Y luego que lleguen de fuera, volverán a la capilla para dar gracias al Señor” (Reg. Art. 1,12). Son manifestaciones de la propia vida de Jerónimo que dejó en herencia a la Congregación.

Cuando las hermanas llegaron a Cuba, lo primero que Jerónimo pidió para ellas fue permiso para tener el Sacramento en la capilla. Decía al Obispo: “Estas religiosas sólo pueden vivir de la oración y frecuente comunión”.

El Pan partido y resucitado –celebración y reserva– en la comunidad del Amor de Dios es una llamada continua y un reto permanente a compartir y a dejarse iluminar por el Don de Dios; a hacerse don de fraternidad, alimento de Amor para quienes tienen hambre de amor en la vida…

Finalmente, para no alargar el tema, una nueva manifestación de la comunidad de vida y oración, es la importancia que el monje cisterciense da a la madre Superiora o Vicaria presidiendo “los actos de comunidad”, como signo de unión “y de que el acto no sufra la más mínima detención”.

María en la espiritualidad de Jerónimo y de las hermanas

mayo2013La Madre del Señor está presente en muchos momentos de las Reglas, algunos los hemos recogido, especialmente cuando Jerónimo la presenta a las hermanas como imitación y alabanza. Imitación, porque María no se limitó a recibir la gracia en plenitud, sino que acogió la presencia del Espíritu en su vida, realizó el Seguimiento de Jesús desde el nacimiento a la cruz y Pentecostés.

El “sí” de María al misterio de la humanidad de Dios en su vida la hace, al mismo tiempo, solidaridad con todos los humanos y ternura de la misericordia entrañable en el camino de la vida. El “sí” de María es, también, afirmación de libertad total para abrir la propia existencia al misterio de Dios que revela su rostro invisible en Cristo y en todos los hermanos que encontramos en nuestro caminar.

La brevedad nos impide ampliar la visión que presenta Jerónimo en sus escritos marianos. María es, sobre todo, la Madre de Dios, la llena de gracia y la Madre que nos entregó Jesús. Un prodigio de la Trinidad que expresa de diferentes maneras, especialmente en la oración personal y en las que enseñaba al pueblo. Tienen la frescura y el toque emotivo de la escuela cisterciense:

“¡Oh dulcísima María, en cuyas virginales entrañas habitó el Verbo divino hecho hombre! Tú eres aquel sagrado templo en que la Santísima Trinidad depositó el tesoro de su grandeza y de sus misericordias, el poder del Padre, la sabiduría del Hijo y el amor del Espíritu Santo… En tus manos, Madre de misericordia, está nuestro remedio, repartid con nosotros el tesoro de vuestras gracias”.

A S. Bernardo piden diariamente las hermanas “dulzura y verdadero amor hacia la Santísima Virgen”, en una oración redactada por Jerónimo. Pero tal vez la más expresiva sea ésta que, en su sencillez, pide por intercesión de María, el espíritu de las bienaventuranzas y del mismo Cristo, manso y humilde de corazón: “Humilde María, alcánzanos la verdadera sencillez de corazón”.

Comunidad educativa

globo terraqueo wikimedia-orgEl carisma de las Hermanas del Amor de Dios es formar, educar, a las niñas/os y jóvenes “por Amor de Dios y para Dios”. Ahí realizan su santificación y servicio a la Iglesia y a la sociedad. Es, por tanto, un tema clave en la comunidad y en cada una de las hermanas. Las Reglas le dedican varios números y apartados, especialmente el De las hermanas profesoras. A la superiora, por ejemplo, pide que cuide a “hermanas y niñas, sin excepción de personas”. Igualmente, “cuide de que las niñas sean servidas las primeras en todo”.

La Exhortación Apostólica, sobre la vida consagrada, inserta el carisma de la Congregación en la misión de la Iglesia cuando afirma: “La Iglesia ha sido siempre consciente de que la educación es un elemento esencial de su misión... Toda la Iglesia está animada por el Espíritu y con Él lleva a cabo la acción educativa... Las personas consagradas, con este carisma, pueden dar vida a ambientes educativos impregnados del espíritu evangélico de libertad y de caridad, en los que se ayude a los jóvenes a crecer en humanidad bajo la guía del Espíritu. De este modo la comunidad educativa se convierte en experiencia de comunión y lugar de gracia, en la que el proyecto pedagógico contribuye a unir en una síntesis armónica lo divino y lo humano, evangelio y cultura, fe y vida” (VC 96).

Ya mencionamos la visita de Jerónimo a Inglaterra, Francia e Italia. En esos países procuró informarse de la pedagogía y organización más actual de la época –lo que explica las referencias del alcalde de Toro–, para aplicarlas en la nueva fundación y reflejarlas en sus Reglas. Un dato: aparte de las asignaturas comunes, y de las peculiares de la mujer de su tiempo, en Toro se enseñaba desde el primer día –cuando España era prácticamente analfabeta– francés, inglés e italiano, música, dibujo y gimnasia… Más adelante veremos el ideario del Colegio de Cádiz, segunda fundación.

El mimo de la formación se explica por las raíces culturales que Jerónimo cultivó en su hogar, en el Císter, en la Universidad, en la Sociedad Económica, en la reforma del Seminario de Santiago de Cuba… Pero, de manera especial, en el carisma del Espíritu que le ayudó a descubrir la necesidad y el valor de la formación cultural en la promoción integral de la persona. De ahí la vinculación carisma-misión que dejó como lema a la Congregación: El Amor de Dios hace sabios y santos… Personas preparadas para vivir, en plenitud, el Seguimiento de Jesús en la Iglesia, madre y maestra…

Educación y promoción de los niños

Percibe como una urgencia social prioritaria la atención al niño, educándolo, desarrollando todas sus capacidades, protegiéndolo como ser débil e indefenso contra los malos tratos y arbitrariedades de los adultos, asistiéndole en sus necesidades básicas y formándole para que llegue a ser constructor de una sociedad más humana.

En la sociedad antillana abundaban los niños necesitados y escaseaban los medios para atenderlos. Usera no podía quedar indiferente ante el abandono y los malos tratos a que eran sometidos los niños, la explotación y la corrupción moral de los que viven por las calles. Para prevenir estos peligros y conseguir que, en lugar de llegar a ser delincuentes, los niños se eduquen para ser ciudadanos dignos y útiles, funda varias instituciones: La Casa de Caridad y Oficios de San Ildefonso, la Congregación de Hermanas del Amor de Dios y la Sociedad Protectora de los Niños de la Isla de Cuba.

Casa de Caridad y oficios de San Ildefonso:- En su acción apostólica, recorrió los campos de Puerto Rico y los barrios de la capital. Conoció la realidad del pueblo antillano y quedó impresionado, como él mismo afirma, por el contraste entre el grado de cultura de las clases altas o medianamente acomodadas, y la ignorancia profunda de las clases pobres, fueran blancos o de color, libres o esclavos.

Para responder a esta necesidad fundó la Casa de Caridad y Oficios de San Ildefonso. Su intención era fundar escuelas para la enseñanza de religión, leer, escribir y contar y las primeras reglas de Aritmética. Proporcionaría, además, un oficio a todos los niños pobres de ambos sexos y clases. Se daba alimento y ropa a los necesitados, para que no dejaran de frecuentar la institución quienes no tuvieran otros medios. Para llevar esta obra fundó la Junta de Damas de S. Ildefonso, integrada por señoras seglares que se comprometían a respaldarla con su aportación económica y trabajo voluntario.

Congregación de ninoshermanas del Amor de Dios.- Pronto comprendió que la misión de la Casa de Caridad y Oficios necesitaba ser llevada por personas entregadas totalmente a la misión. Como él mismo dirá: "semejante enseñanza sólo puede ser desempeñada con toda perfección por personas cuya profesión no sea otra que ejercer la caridad, enseñando a las niñas pobres". Con este fin llegó a España en el 1860.

La dificultad de encontrar las religiosas que buscaba le llevó a la idea de fundar una congregación que tuviera como fin inmediato "preparar maestras para las Antillas" y como fin específico "la enseñanza donde sea necesario".

En el 1864 funda en Toro (Zamora, España) la Congregación de Hermanas del Amor de Dios cuyo carisma consiste en "encarnar el Amor de Dios en la vida, de modo que cada hermana llegue a ser una manifestación permanente del Amor gratuito de Dios a los hombres". Se dedicará especialmente a la educación de la niñez y juventud dondequiera que se crea necesario.

Toro, Cuna de la Congregación

Toro, cuna de la Congregación y, por tanto, escenario principal de los grandes desvelos y de los más arduos trabajos de Jerónimo Usera para poner las bases de la misma. En Toro nacimos para realizar en el mundo una misión evangelizadora desde una educación integral.

Toro, además de ser la Casa fundacional, es el venerado relicario que guarda como preciosa joya los restos de este hombre que pasó por el mundo amando a todos.

Allí está, donde dio vida a la Congregación de sus amores. Allí está, para reavivar su luminosa y santa memoria en nuestra memoria. Allí está, donde impartió a las primeras hermanas sus sabias y acertadas enseñanzas en línea carismática.

Allí está silencioso, pero vivo entre nosotras y en la obra que allí sembró y a la que sigue inspirando nuevo vigor y empuje. Allí está, como imán que atrae, muelle que impulsa y luz que ilumina a las hermanas, niños, jóvenes y adultos.

Allí está, en aquel austero y pequeño cofre que con tanto amor prepararon nuestras hermanas en Cuba el año 1925; pequeño, pero que contiene un corazón, "sencillo y humilde que a negros y blancos llevó redención".

Sociedad Protectora de los niños de la isla de Cuba.- En el 1883, el P. Usera constituye la Sociedad Protectora de los niños. Esta sociedad tomaría bajo su protección a los niños desamparados, en peligro físico o moral, abandonados, recién nacidos, hijos de mujeres presas, niños enfermos, niños trabajadores, detenidos o penados, en gestación y lactantes.

La Sociedad tomaría bajo su protección a los niños hasta que estuvieran colocados en arte, oficio o profesión, y a las niñas hasta el matrimonio o que estuvieran en condiciones de atender honradamente a sus necesidades.

Escudo congregacional

     1864                       1867                        1942

escudo64      escudo67      escudo42

        En los primeros documentos de la Congregación (año 1864), el escudo presenta forma circular. Dos ramas de palma y la expresión “Hermanas del Amor de Dios” aparecen inscritas en una circunferencia. En el centro hay una M, como referencia a la Virgen María, y, encima, el Corazón de Jesús.

            En 1867, un nuevo escudo, se encuentra por vez primera en algunos documentos. En él hay elementos nuevos que expresan más claramente el carisma de la Congregación. Aparece el lema congregacional: El amor de Dios hace sabios y santos.

            A principios de los años cuarenta, fecha en que la Congregación fue aprobada por la Santa Sede, sufre algunos cambios el escudo de los orígenes. El más significativo, la inclusión de las llamas que brotan del escudo y del Corazón de Jesús.

SIGNIFICADO DE LOS SÍMBOLOS QUE INTEGRAN EL ESCUDO ACTUAL

            El escudo de la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios lo forman un pergamino en forma de corazón, símbolo del amor, de color azul. En el centro del pergamino va un corazón blanco, que simboliza la pureza y la sencillez que deben tener las Hermanas, a imitación de la Virgen, cuyo anagrama está en el centro, recordándonos su protección maternal.

            La leyenda del escudo quiere indicar la esperanza de que el amor de Dios vaya haciendo a las hermanas sabias, con el doble sentido de la Sabiduría, como conocimiento y experiencia de Dios y como saber humano, para que puedan ser buenas maestras. Ese mismo amor de Dios las irá haciendo santas, porque, como les decía el Padre Usera, “habéis venido, hermanas, para ser santas”. Y así, llenas del Amor de Dios, las hermanas tienen la misión de llevar la virtud y el saber a los corazones de los niños y de los jóvenes cuya educación les ha sido confiada.

            Corona el escudo el Amor de Dios, representado por las llamas del Espíritu Santo y por el corazón de Jesús con la cruz y la corona de espinas. Ese mismo amor llena el corazón de las hermanas y las apremia a realizar en el mundo la obra de Jesús que dijo: “He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!”.

            Entrelazadas en la parte inferior del escudo están una rama de laurel, con frutos, y una palma. La rama de laurel significa la paz y la victoria sobre el mal. Y la palma significa el martirio, la entrega total de la vida a Dios al servicio de los hermanos. El Amor de Dios lo hace posible, pues, como afirmó y lo vivió Jesús, “no hay mayor prueba de amor que dar la vida por los amigos.

Fundador

 17 de mayo de 1891, La Habana (Cuba)

Muerte de Jerónimo: Pobreza y Eucaristía. 

La inmersión de Jerónimo en el mundo de la pobreza fue su forma de vivir las Bienaventuranzas. Corazón de niño, hecho pobre por amor a los más pobres, recibió la fuerza interior en la comunión-contemplación larga y profunda del Sacramento de la Eucaristía.

Los últimos años de su vida eligió la habitación más pobre y húmeda, en el sótano del obispado, porque daba al altar del Sacramento. Allí pasó horas interminables ante la Presencia del Resucitado, visible sólo con la mirada de la fe. Y, sin embargo, es el Cristo que da pleno sentido a nuestro caminar y anima nuestra esperanza… Es, también, el que permite ver con ojos nuevos –la mirada limpia de la Pascua- a quienes caminan con nosotros… La novedad se hizo gracia en Jerónimo y le permitió mirar más hondo, más adentro, y compartir el pan de la vida con los pobres del camino.

Cuando no pudo más, dejó el sótano pobre y húmedo y pasó a casa de su sobrina Mari Paz Tomé, esposa del segundo Marqués de San Gregorio, porque no tenía casa propia. Pero, sobre todo, porque había hecho esa opción desde la libertad evangélica y como forma suprema de seguimiento. Posibilidades económicas no le hubieran faltado.

En casa de Mari Paz, calle Ancha del Norte, nº 243, falleció el 17 de mayo de 1891, a las 7 de la mañana. Todo ocurrió tan rápido, que no tuvo a su lado a las Hermanas del Colegio de Santa Rosalía, en Santa Clara, porque recibieron la noticia pocos días después. Había realizado el Seguimiento de Jesús en despojo total y quiso presentarse ante el Padre sólo con las manos llenas de amor...

Si al final de la vida seremos juzgados por el amor, la prensa habanera del día siguiente fue unánime al destacar estas dos dimensiones de la vida de Jerónimo: pobreza y amor. Diario de la Marina: “Ha muerto pobre, muy pobre, porque nunca llamó a sus puertas una necesidad que no fuera al instante socorrida”. El Diario Español: “Era el Sr. Usera persona muy apreciada por su carácter bondadoso, caridad inagotable y sólida ciencia”. La Lucha: “Era el Sr. Deán un caballero muy cumplido y un hombre dotado de los sentimientos más generosos. Su vida fue un continuo apostolado de caridad y amor al prójimo. Toda obra buena encontraba en él el protector más decidido, y muchas son las obras buenas a las cuales ha prestado el Sr. Usera el concurso de su iniciativa y el apoyo de su adhesión. Los pobres encontraban en él un verdadero padre. La muerte del Sr. Usera será muy sentida por cuantos le trataron y tuvieron la ocasión de apreciar las brillantísimas condiciones de su carácter expansivo y ameno”. Y la mencionada carta del Presidente del Asilo de Mendigos: “lo que hacía el inolvidable y virtuoso finado era gratuitamente y en beneficio de los desvalidos”.

Se celebró el funeral el día 18 de mayo en la Parroquia de Ntra. Sra. de Montserrat, en La Habana y sepultado eclesiástica en una bóveda del cabildo Catedral en el cementerio de Cristóbal Colón.


El 13 de mayo de 1925, la Superiora General, Madre Luisa de la Cruz Marqués Falcón, llega a Zamora con los restos del P. Fundador, que fueron colocados sobre una mesita en el coro de la comunidad. En el año 1931 se trasladaron a la Sacristía del Colegio de Toro. Sobre una lápida se leía: “Aquí yacen los restos del Ilmo. D. Jerónimo Usera, Fundador del Instituto del Amor de Dios”. En la Sacristía permanecieron hasta el 27 de abril de 1964, año en que se colocó el féretro en la sepultura preparada para el Fundador en el presbiterio de la Iglesia, construida con motivo del I Centenario de la Fundación. Desde el 9 de marzo de 1990 hasta el 27 de abril de 1991, estuvieron – provisionalmente – en la Sala Museo. Este día: 27 de abril de 1991, la Superiora General, Hna. Mª. del Carmen Díaz Díaz, en presencia de un gran número de Hermanas de los más diversos lugares, transportó la urna que contiene los restos del Padre a su sepulcro definitivo: la Cripta de la Iglesia de Toro, cons
truida la Cripta y restaurada la Iglesia con motivo del primer Centenario de la muerte del Padre Fundador, año 1991; lugar donde hoy reposan los restos del Venerable Jerónimo Mariano.

 

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Fundador

 ¿Quién es Jerónimo Usera?

usera2Jerónimo Mariano Usera y Alarcón, nace en Madrid el 15 de septiembre de 1810, en una familia de hondas raíces cristianas, vasta cultura y genuino patriotismo. Estos cimientos familiares, unidos a su bondad natural y talento, hicieron de Jerónimo Usera un hombre de rica personalidad y sólidas virtudes, un espíritu inquieto y amante del saber, con sentido de servicio y amor a Dios, a la vez que arriesgado y generoso para ayudar a los necesitados.

Convencido de que Dios le ha elegido, se abre al amor de Dios en el silencio y la oración del Cister, a la temprana edad de catorce años. La situación política le obliga, en 1835, a cambiar la paz y armonía del claustro por la contemplación en medio de la acción solidaria y liberadora de la sociedad de su tiempo.

El rumbo de su vida está decidido. Jerónimo sabe leer el querer de Dios en los acontecimientos históricos y, movido por la fuerza interior de su experiencia cisterciense, inicia nuevos caminos de evangelización y promoción humana, en tres continentes: Europa, África y América.

J. Usera, después de la exclaustración pasa por muchas vicisitudes y se ocupa en diferentes trabajos: párroco rural, profesor universitario en la Universidad Central, primer misionero católico en Guinea española, párroco de Uceda, canónigo en Santiago de Cuba, deán de Puerto Rico y de La Habana. Su personalidad profundamente religiosa y comprometida con la dignificación de la persona se revela sobre todo en la acción pastoral y pedagógico-social que desarrolló en cada uno de los lugares donde ejerció su ministerio sacerdotal.

Tuvo el gran carisma personal de acertar a movilizar y organizar grupos a favor de su gran objetivo: promover la vida cristiana de la sociedad y abrir a los pueblos un camino de desarrollo y felicidad

Se destacan tres grupos de personas como los predilectos en su acción: los niños, la mujer, la raza negra: esclavos y campesinos.

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El padre Usera en Wikipedia

 

El padre Usera en Wikiquote (citas y frases célebres)

 Himno al Padre Usera

Cantemos hoy al Amor de Dios
en Jerónimo Usera,
porque él fundó la Congregación
y su estrella nos orienta

1
Misionero de la verdad,
sembrador de fe y esperanza,
defensor de la libertad,
humanista del alma.

2
Celebrando la fiesta en su honor,
seguiremos sus huellas;
proclamando en la Iglesia su voz,
se abrirán nuevas sendas.

3
Avanzamos en comunidad
con la luz de la fe en nuestras manos.
Hoy queremos que reine el amor
y seamos hermanos.

4
Mi palabra será siempre el amor,
acogida, respeto y plegaria,
y en mis obras los hombres verán
que el amor hoy se encana.

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Instrumental

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Con letra

  • Dame Dios mío más dilatados horizontes

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Descargar en mp3

 

*Video de la vida del Padre Usera - para niños 

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  Nuestro fundador

El 27 de abril de 1864

colegiataEs el día del nacimiento de la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. El obispo Bernardo se trasladó a Toro acompañado del secretario y del capellán. Le esperaban Jerónimo –ahora deán de La Habana–, su amigo D. Francisco Acevedo, mercedario exclaustrado y arcediano de Santander, D. Cayetano Pérez, párroco de la Colegiata, D. Francisco Sánchez, “Alcalde constitucional de Toro”, y otras personas…

Juntos, pasaron al monasterio de las Mercedarias. Resumimos el acta oficial: enterado el Obispo del proyecto de Jerónimo, y de la decisión de las hermanas de seguirlo con espíritu de abnegación tan firme como “para dejar su patria y familia”, “bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María Madre de Dios en su advocación de Concepción Inmaculada”, convocó al grupo “a la reja del coro bajo, por dentro de la clausura, en la que se hallaban”. Les dirigió unas palabras, mandó leer los Estatutos y, aceptados por ellas, bendijo el hábito de las hermanas “y mandó se les vistiesen ayudadas de las religiosas de la comunidad”. Otras breves palabras y entonó el Te Deum que continuaron las hermanas y la comunidad, “procesionalmente por la clausura, volviendo al coro bajo, donde se terminó con las preces y oraciones de acción de gracias”.

Con el “sí” de María y el cántico de gratitud al Padre, nacía en la Iglesia la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. En casa prestada, aunque rodeadas de ternura, para que todo tuviese sabor a la sencillez de Belén… En la vega de Toro, la primavera rasgaba de luz las ramas de los guindales…

En procesión, presidida por el Obispo, las hermanas se dirigieron “entre dos filas de acompañantes”, al hogar que Jerónimo les había preparado, su casa. Con “breves y sentidas palabras… se dio fin al acto”.

Toro vio por vez primera en sus calles a “sus Hermanas de hábito azul”, y quiso celebrar fiesta el día siguiente, acompañándolas hasta la Colegiata, corazón de la ciudad. Celebró la Eucaristía D. Francisco Acevedo. El Obispo, Jerónimo y el párroco, ocupaban los sitiales correspondientes. En la homilía, el Obispo se dirigió a los asistentes, “que llenaban toda la Iglesia”, y les presentó la nueva fundación y el colegio para sus hijas, “único en su clase en todo el distrito universitario de Salamanca”.

De vuelta, la procesión fue acompañada “por los acordes armoniosos de una música bien dirigida”. El salón del nuevo colegio se abrió, por vez primera, para acoger a cuantos pudieron entrar. El Alcalde dio las gracias a todos por la obra realizada –“merced a la iniciativa del señor deán de Puerto Rico”– y declaró abierto el Colegio.

Es significativo el comportamiento de Jerónimo. Durante dos días ha guardado silencio. En los momentos más intensos de su vida prefirió no restar protagonismo al Espíritu, pues todo era gracia. Cuando esperábamos oír qué había sentido durante las emociones contenidas en la primera toma de hábito de las hermanas, el nacimiento de la Congregación, o la fiesta desbordante del pueblo, la crónica se limita a decir que contestó con breves palabras de agradecimiento; pero no las menciona. En todo caso, la gratitud es la respuesta más bella del creyente.

Profesión religiosa de las hermanas fundadoras

La comunidad dio los primeros pasos en la vida religiosa acompañada de Jerónimo. El 30 de agosto, el grupo fundador tomó otra opción decisiva: pedir al Obispo la profesión religiosa para transformarse en instrumentos del Señor “en la instrucción y santificación de las inocentes criaturas puestas a su cuidado… y deseosas de entregarse más de lleno a tan santa tarea”.

“Tan santa tarea”… La formación de las niñas ha significado para ellas la misma experiencia de fe que vivió Jerónimo con los pobres del Barco de la muerte. Las situaciones eran muy distintas, pero el contenido idéntico. Lo importante, para el cisterciense Jerónimo, era ayudarles a descubrir la capacidad de abrir intensamente los ojos y el corazón para sentir la mirada del Otro llamándote, invitándote a salir de tu tierra, de tu ego, y a dejarte sorprender por su grandeza siempre intacta, a compartir su existencia. En el despojo de ti hacia el Otro, descubres la epifanía de los otros, semejantes a ti que te piden lo que necesitan para ser felices. Pero más allá de la epifanía del rostro que presenta M. Levinas, el cisterciense sabe mirar con los ojos de Jesús para quien todo ser humano tiene tal dignidad que merece la pena dar la vida por él, amar sin límites. Estamos en el corazón del evangelio y de las bienaventuranzas que reserva a los pobres, los limpios, los pacíficos, los perseguidos, los que lloran y tienen hambre, el privilegio de ver a Dios y de pertenecer al Reino.

El 2 de octubre Jerónimo presentó al obispo Bernardo las Reglas de las Hermanas y el Manual de oraciones. El 3, éste autorizó “a las primeras Hermanas del Amor de Dios” a emitir “los votos simples… en manos del director espiritual, su fundador”. El día 6, aprobó las Reglas y el Manual. El camino para la profesión estaba definitivamente abierto.

El 16 de octubre de 1864 es otra fecha inolvidable en la historia de la nueva Congregación. Las once hermanas fundadoras, reunidas en la capilla de la casa cuna de Toro, pronunciaban el “sí” al Seguimiento de Jesús, según las Reglas. Jerónimo recibió sus votos en nombre del Obispo y de la Iglesia.

Desconocemos la intensidad del momento histórico, porque no se conservan las palabras que dirigió el Fundador a la mujer nueva que soñó en las Antillas y que se hacía viva realidad consagrándose por vida a realizar la misión de formar a la mujer “con toda perfección”.

  

 

 

 

Jerónimo Usera Fundador


 El 27 de abril de 1864toro

Es el día del nacimiento de la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. El obispo Bernardo se trasladó a Toro acompañado del secretario y del capellán. Le esperaban Jerónimo –ahora deán de La Habana–, su amigo D. Francisco Acevedo, mercedario exclaustrado y arcediano de Santander, D. Cayetano Pérez, párroco de la Colegiata, D. Francisco Sánchez, "Alcalde constitucional de Toro", y otras personas...

Juntos, pasaron al monasterio de las Mercedarias. Resumimos el acta oficial: enterado el Obispo del proyecto de Jerónimo, y de la decisión de las hermanas de seguirlo con espíritu de abnegación tan firme como "para dejar su patria y familia", "bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María Madre de Dios en su advocación de Concepción Inmaculada", convocó al grupo "a la reja del coro bajo, por dentro de la clausura, en la que se hallaban". Les dirigió unas palabras, mandó leer los Estatutos y, aceptados por ellas, bendijo el hábito de las hermanas "y mandó se les vistiesen ayudadas de las religiosas de la comunidad". Otras breves palabras y entonó el Te Deum que continuaron las hermanas y la comunidad, "procesionalmente por la clausura, volviendo al coro bajo, donde se terminó con las preces y oraciones de acción de gracias".

Con el "sí" de María y el cántico de gratitud al Padre, nacía en la Iglesia la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. En casa prestada, aunque rodeadas de ternura, para que todo tuviese sabor a la sencillez de Belén... En la vega de Toro, la primavera rasgaba de luz las ramas de los guindales...

En procesión, presidida por el Obispo, las hermanas se dirigieron "entre dos filas de acompañantes", al hogar que Jerónimo les había preparado, su casa. Con "breves y sentidas palabras... se dio fin al acto".

Toro vio por vez primera en sus calles a "sus Hermanas de hábito azul", y quiso celebrar fiesta el día siguiente, acompañándolas hasta la Colegiata, corazón de la ciudad. Celebró la Eucaristía D. Francisco Acevedo. El Obispo, Jerónimo y el párroco, ocupaban los sitiales correspondientes. En la homilía, el Obispo se dirigió a los asistentes, "que llenaban toda la Iglesia", y les presentó la nueva fundación y el colegio para sus hijas, "único en su clase en todo el distrito universitario de Salamanca".

De vuelta, la procesión fue acompañada "por los acordes armoniosos de una música bien dirigida". El salón del nuevo colegio se abrió, por vez primera, para acoger a cuantos pudieron entrar. El Alcalde dio las gracias a todos por la obra realizada –"merced a la iniciativa del señor deán de Puerto Rico"– y declaró abierto el Colegio.

Es significativo el comportamiento de Jerónimo. Duran002te dos días ha guardado silencio. En los momentos más intensos de su vida prefirió no restar protagonismo al Espíritu, pues todo era gracia. Cuando esperábamos oír qué había sentido durante las emociones contenidas en la primera toma de hábito de las hermanas, el nacimiento de la Congregación, o la fiesta desbordante del pueblo, la crónica se limita a decir que contestó con breves palabras de agradecimiento; pero no las menciona. En todo caso, la gratitud es la respuesta más bella del creyente.

Profesión religiosa de las hermanas fundadoras

La comunidad dio los primeros pasos en la vida religiosa acompañada de Jerónimo. El 30 de agosto, el grupo fundador tomó otra opción decisiva: pedir al Obispo la profesión religiosa para transformarse en instrumentos del Señor "en la instrucción y santificación de las inocentes criaturas puestas a su cuidado... y deseosas de entregarse más de lleno a tan santa tarea".

la Palabra"Tan santa tarea"... La formación de las niñas ha significado para ellas la misma experiencia de fe que vivió Jerónimo con los pobres del Barco de la muerte. Las situaciones eran muy distintas, pero el contenido idéntico. Lo importante, para el cisterciense Jerónimo, era ayudarles a descubrir la capacidad de abrir intensamente los ojos y el corazón para sentir la mirada del Otro llamándote, invitándote a salir de tu tierra, de tu ego, y a dejarte sorprender por su grandeza siempre intacta, a compartir su existencia. En el despojo de ti hacia el Otro, descubres la epifanía de los otros, semejantes a ti que te piden lo que necesitan para ser felices. Pero más allá de la epifanía del rostro que presenta M. Levinas, el cisterciense sabe mirar con los ojos de Jesús para quien todo ser humano tiene tal dignidad que merece la pena dar la vida por él, amar sin límites. Estamos en el corazón del evangelio y de las bienaventuranzas que reserva a los pobres, los limpios, los pacíficos, los perseguidos, los que lloran y tienen hambre, el privilegio de ver a Dios y de pertenecer al Reino.

El 2 de octubre Jerónimo presentó al obispo Bernardo las Reglas de las Hermanas y el Manual de oraciones. El 3, éste autorizó "a las primeras Hermanas del Amor de Dios" a emitir "los votos simples... en manos del director espiritual, su fundador". El día 6, aprobó las Reglas y el Manual. El camino para la profesión estaba definitivamente abierto.

El 16 de octubre de 1864 es otra fecha inolvidable en la historia de la nueva Congregación. Las once hermanas fundadoras, reunidas en la capilla de la casa cuna de Toro, pronunciaban el "sí" al Seguimiento de Jesús, según las Reglas. Jerónimo recibió sus votos en nombre del Obispo y de la Iglesia.

Desconocemos la intensidad del momento histórico, porque no se conservan las palabras que dirigió el Fundador a la mujer nueva que soñó en las Antillas y que se hacía viva realidad consagrándose por vida a realizar la misión de formar a la mujer "con toda perfección".

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NOTA

Pinchando en el siguiente link puedes conseguir más infomración sobre la Fundación. (Este artículo está tomado del libro de "La Belleza de hacer el bien", escrito por el P. Manuel Gómez Ríos, C.Ss.R. 

pdf. Artículo para profundizar en pdf

 

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Misión

         NUESTRA MISIÓN EN LA IGLESIA

HnasLa Hermana del Amor de Dios lleva dentro un corazón misionero, heredado de su fundador. El desafío del envío misionero es la perla preciosa que sigue alargando su vida más allá de sí misma y, al mismo tiempo, prolongación del testimonio evangélico de Jerónimo Usera.

Desde los orígenes, la Congregación tiene como opción permanente de evangelización la educación y promoción integral de la persona con el talante peculiar heredado de su fundador: la pedagogía del amor, sabiendo que la primera acción apostólica es ser testigos del amor en unidad con la vida real de la comunidad religiosa.

La Congregación vive intensamente la necesidad de Evangelio, cultura y humanización como llamada permanente. Realiza su carisma y misión como fuerza dinámica –inserta en la inseguridad y el cambio– en fidelidad a los signos de los tiempos; lo testimonia en el servicio a las personas, integradas en la Iglesia local, con atención preferente a los pobres, a los pequeños y a los que sufren. Sus actividades apostólicas, sometidas siempre a la llamada de Dios, a través de las necesidades de los hombres, abarcan los siguientes campos:

       Educación integral de la niñez y de la juventud

El niño/a con su grandeza personal –llamados a ser hombres y mujeres del mañana– fueron sujetos amados y cercanos de Cristo y merecieron especial atención del P. Usera. Por eso abrió colegios “Amor de Dios” a mediados del siglo XIX, consciente de que “el período de la infancia es el más apropiado para la verdadera educación”.
Usera fomentó en los centros educativos la creación de condiciones positivas de acción para vivir la elección libre y el uso de las fuerzas de crecimiento como instrumento de educación.
Los centros educativos “Amor de Dios” ofrecen una alternativa de vida que mira hacia metas concretas por las que el educando sea libre de optar: Aceptar en su vida real al Dios detoro Jesucristo. Descubrir que ser cristiano es ante todo amar y hacer del amor cristiano su camino de vida. Aceptar que la fe y el amor se viven y se celebran en comunidad:

-          En las escuelas “Amor de Dios”, diseminadas por varios continentes, se hace realidad concreta la educación integral de la persona y el compromiso de construir la nueva civilización del Amor.

-          En las casas-cuna y residencias hogar se quiere seguir apostando por el evangelio de la vida, en línea con la denuncia profética de Jerónimo y su apuesta por crear lugares de acogida para afirmar los derechos de la infancia y de la mujer.

-          En las residencias juveniles y universitarias se ofrece un ambiente de familia y de comunidad cristiana donde los jóvenes puedan madurar como personas e integrarse en la sociedad en la que viven de forma responsable.

-          En los centros de acogida se ofrecen contenidos educativos a niños y jóvenes, donde la solidaridad con los pobres nos pide nuevas presencias, para su crecimiento y desarrollo.

       Promoción humana

La Iglesia reclama presencia y acción en medio de los desposeídos, de los pequeños y los pobres. Es la voz de la “necesidad” que movilizó a Jerónimo Usera y que moviliza también a las hermanas convencidas de que el Amor de Dios las llama a ofrecer un servicio sencillo y una entrega desinteresada: “Sólo tendrán por recompensa consumirse en el amor de Dios”. (P. Usera).

De una sociedad vulnerable y envuelta en el riesgo surgen voces que desvelan sus contradicciones y, al mismo tiempo, sus capacidades creativas y opciones alternativas. La presencia de la Hermana del Amor de Dios en estos ámbitos hace que la fraternidad aparezca de mano de la solidaridad para caminar juntos hacia el Reino, cuyos valores nacen del propio corazón de la persona. De esta forma, se fortalece el sentido de la compasión solidaria y eficaz, el compartir desde la pobreza, el unir fuerzas en la tarea común de superar tanta desigualdad, ofreciendo nuevas oportunidades de realización humana en plenitud.

         La Hermana del Amor de Dios ofrece su ayuda en:

-    Promoción de la mujer, en línea con la apuesta de Jerónimo que vio en ella la base de la sociedad.
-    Alfabetización de adultos, para eliminar su aislamiento y favorecer la integración en la sociedad que necesita sus valores personales.
-    Centros de salud en zonas de pobreza, para favorecer la liberación integral del ser humano.
-    Acción social, para la promoción de las personas en su contexto cultural de marginación.
-     Formación de educadores sociales, que asuman un compromiso de elaboración y ejecución de programas de promoción. 

       Construcción de comunidades cristianas

 Desde la llamada a la gratuidad y a la encarnación del amor fraterno se ofrece a la comunidad eclesial una aportación al desarrollo del misterio que la realiza: “Amaos como yo os he amado”.

Dentro del apostolado congregacional se considera de máxima responsabilidad la acción evangelizadora de construcción de la Iglesia e iniciación y animación de comunidades cristianas. Para ello se testimoniará lo que se proclama, encarnando en cada hermana el misterio de Cristo, abiertas a cada situación concreta y secundando las directrices pastorales del obispo de la Diócesis.

Esta acción congregacional es una respuesta a la llamada actual de la Iglesia a la evangelización, y se realiza en las situaciones siguientes:

-      Misión «Ad gentes» dirigida a pueblos, grupos humanos, contextos socioculturales donde Cristo y su evangelio no son conocidos.
-   «Iglesias jóvenes» que necesitan el apoyo de animación para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos.
-   La animación de comunidades cristianas, donde es necesaria una presencia que dinamice una nueva evangelización y la revitalización de la fe.

        En comunión al servicio de la Misión

      Se conoce el interés de Jerónimo por integrar a los seglares cristianos en la misión en África, en la catequesis de niños y adultos, y en los diferentes centros educativos por él fundados. Su finalidad era aunar fuerzas para que toda la comunidad se sintiese protagonista de la evangelización y de la promoción humana.

imagen 203Fieles a estas iniciativas de Jerónimo, las Hermanas del Amor de Dios, atentas a la urgencia del Espíritu en nuestro tiempo, se integran en la acción apostólica congregacional con los seglares, pues son conscientes de que la consagración bautismal y la unción sacramental de la confirmación son el fundamento de la común misión en la Iglesia.

Así, los seglares van siendo más numerosos y significativos en la tarea educativa, pasando progresivamente de seglares colaboradores a seglares comprometidos que comparten la misión de la Congregación. En esta opción se ponen medios y esfuerzos cada vez mayores, conscientes de que forma parte de la herencia congregacional y ha sido asumida por la Iglesia de nuestro tiempo como acción del Espíritu para enriquecimiento de la vida consagrada, llamada de todos a la santidad y compromiso en la misma misión evangelizadora.

Hermanas y seglares son agentes de la misión compartida “Amor de Dios”, animados por el carisma, ofreciendo cada uno la riqueza específica de su vocación a la construcción del Reino. Están llamados a formar una comunidad misión que anime la vida y el compromiso evangelizador, en línea de identidad carismática, para que sea una comunidad testigo y referencia del Evangelio.

Presencia actual de la Congregación en el mundo

 La pequeña semilla que Jerónimo plantó en Toro, en el umbral del tercer milenio es un árbol que extiende sus ramas por varios continentes. Hoy el “Amor de Dios” presenta un rostro multiétnico y multicultural, signo de la nueva fraternidad.(Angola, Mozambique, Cabo Verde en África. (Bolivia, Brasil, Cuba, Chile, Estados Unidos, Guatemala, México, Puerto Rico, Perú, República Dominicana en América. Alemania, España, Francia, Italia, Portugal en Europa).

     olivo   Familia "Amor de Dios" 

                Jerónimo sigue convocando. Hoy como ayer son muchos los seglares que desean seguir sus huellas y vivir con las Hermanas su mensaje y carisma. La Familia “Amor de Dios” es la que impulsa a construir un mundo de hermanos en el que las relaciones interpersonales se expresan en gestos sencillos de ternura, cercanía, acogida, respeto, confianza, comprensión, misericordia; y se vive la solidaridad como el camino de encuentro entre los pueblos.

Junto a la Congregación ha surgido el Movimiento Seglar “Amor de Dios” formado por Asociaciones “Padre Usera”, Voluntariado “Amor de Dios” y Comunidades Seglares “Amor de Dios”, extendido en varios países y animado desde la Congregación. En línea con la Exhortación apostólica de Juan Pablo II sobre los laicos en la Iglesia, se pretende que estos grupos están llamados a ser “corrientes vivas de participación y de solidaridad para crear unas condiciones más justas y más fraternas en la sociedad” (ChFL 30). El mismo Papa , en la Exhortación Apostólica sobre la vida consagrada, afirma: “No es raro que la participación de los laicos lleve a descubrir inesperadas y fecundas implicaciones de algunos aspectos del carisma, suscitando una interpretación más espiritual, e impulsando a encontrar válidas indicaciones para nuevos dinamismos apostólicos” (VC 55b)