"Siento que Dios me llama para hacer el bien en la tierra"

P. Usera

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 17 de mayo de 1891, La Habana (Cuba)

Muerte de Jerónimo: Pobreza y Eucaristía. 

La inmersión de Jerónimo en el mundo de la pobreza fue su forma de vivir las Bienaventuranzas. Corazón de niño, hecho pobre por amor a los más pobres, recibió la fuerza interior en la comunión-contemplación larga y profunda del Sacramento de la Eucaristía.

Los últimos años de su vida eligió la habitación más pobre y húmeda, en el sótano del obispado, porque daba al altar del Sacramento. Allí pasó horas interminables ante la Presencia del Resucitado, visible sólo con la mirada de la fe. Y, sin embargo, es el Cristo que da pleno sentido a nuestro caminar y anima nuestra esperanza… Es, también, el que permite ver con ojos nuevos –la mirada limpia de la Pascua- a quienes caminan con nosotros… La novedad se hizo gracia en Jerónimo y le permitió mirar más hondo, más adentro, y compartir el pan de la vida con los pobres del camino.

Cuando no pudo más, dejó el sótano pobre y húmedo y pasó a casa de su sobrina Mari Paz Tomé, esposa del segundo Marqués de San Gregorio, porque no tenía casa propia. Pero, sobre todo, porque había hecho esa opción desde la libertad evangélica y como forma suprema de seguimiento. Posibilidades económicas no le hubieran faltado.

En casa de Mari Paz, calle Ancha del Norte, nº 243, falleció el 17 de mayo de 1891, a las 7 de la mañana. Todo ocurrió tan rápido, que no tuvo a su lado a las Hermanas del Colegio de Santa Rosalía, en Santa Clara, porque recibieron la noticia pocos días después. Había realizado el Seguimiento de Jesús en despojo total y quiso presentarse ante el Padre sólo con las manos llenas de amor...

Si al final de la vida seremos juzgados por el amor, la prensa habanera del día siguiente fue unánime al destacar estas dos dimensiones de la vida de Jerónimo: pobreza y amor. Diario de la Marina: “Ha muerto pobre, muy pobre, porque nunca llamó a sus puertas una necesidad que no fuera al instante socorrida”. El Diario Español: “Era el Sr. Usera persona muy apreciada por su carácter bondadoso, caridad inagotable y sólida ciencia”. La Lucha: “Era el Sr. Deán un caballero muy cumplido y un hombre dotado de los sentimientos más generosos. Su vida fue un continuo apostolado de caridad y amor al prójimo. Toda obra buena encontraba en él el protector más decidido, y muchas son las obras buenas a las cuales ha prestado el Sr. Usera el concurso de su iniciativa y el apoyo de su adhesión. Los pobres encontraban en él un verdadero padre. La muerte del Sr. Usera será muy sentida por cuantos le trataron y tuvieron la ocasión de apreciar las brillantísimas condiciones de su carácter expansivo y ameno”. Y la mencionada carta del Presidente del Asilo de Mendigos: “lo que hacía el inolvidable y virtuoso finado era gratuitamente y en beneficio de los desvalidos”.

Se celebró el funeral el día 18 de mayo en la Parroquia de Ntra. Sra. de Montserrat, en La Habana y sepultado eclesiástica en una bóveda del cabildo Catedral en el cementerio de Cristóbal Colón.


El 13 de mayo de 1925, la Superiora General, Madre Luisa de la Cruz Marqués Falcón, llega a Zamora con los restos del P. Fundador, que fueron colocados sobre una mesita en el coro de la comunidad. En el año 1931 se trasladaron a la Sacristía del Colegio de Toro. Sobre una lápida se leía: “Aquí yacen los restos del Ilmo. D. Jerónimo Usera, Fundador del Instituto del Amor de Dios”. En la Sacristía permanecieron hasta el 27 de abril de 1964, año en que se colocó el féretro en la sepultura preparada para el Fundador en el presbiterio de la Iglesia, construida con motivo del I Centenario de la Fundación. Desde el 9 de marzo de 1990 hasta el 27 de abril de 1991, estuvieron – provisionalmente – en la Sala Museo. Este día: 27 de abril de 1991, la Superiora General, Hna. Mª. del Carmen Díaz Díaz, en presencia de un gran número de Hermanas de los más diversos lugares, transportó la urna que contiene los restos del Padre a su sepulcro definitivo: la Cripta de la Iglesia de Toro, cons
truida la Cripta y restaurada la Iglesia con motivo del primer Centenario de la muerte del Padre Fundador, año 1991; lugar donde hoy reposan los restos del Venerable Jerónimo Mariano.

 

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Fundador

 ¿Quién es Jerónimo Usera?

usera2Jerónimo Mariano Usera y Alarcón, nace en Madrid el 15 de septiembre de 1810, en una familia de hondas raíces cristianas, vasta cultura y genuino patriotismo. Estos cimientos familiares, unidos a su bondad natural y talento, hicieron de Jerónimo Usera un hombre de rica personalidad y sólidas virtudes, un espíritu inquieto y amante del saber, con sentido de servicio y amor a Dios, a la vez que arriesgado y generoso para ayudar a los necesitados.

Convencido de que Dios le ha elegido, se abre al amor de Dios en el silencio y la oración del Cister, a la temprana edad de catorce años. La situación política le obliga, en 1835, a cambiar la paz y armonía del claustro por la contemplación en medio de la acción solidaria y liberadora de la sociedad de su tiempo.

El rumbo de su vida está decidido. Jerónimo sabe leer el querer de Dios en los acontecimientos históricos y, movido por la fuerza interior de su experiencia cisterciense, inicia nuevos caminos de evangelización y promoción humana, en tres continentes: Europa, África y América.

J. Usera, después de la exclaustración pasa por muchas vicisitudes y se ocupa en diferentes trabajos: párroco rural, profesor universitario en la Universidad Central, primer misionero católico en Guinea española, párroco de Uceda, canónigo en Santiago de Cuba, deán de Puerto Rico y de La Habana. Su personalidad profundamente religiosa y comprometida con la dignificación de la persona se revela sobre todo en la acción pastoral y pedagógico-social que desarrolló en cada uno de los lugares donde ejerció su ministerio sacerdotal.

Tuvo el gran carisma personal de acertar a movilizar y organizar grupos a favor de su gran objetivo: promover la vida cristiana de la sociedad y abrir a los pueblos un camino de desarrollo y felicidad

Se destacan tres grupos de personas como los predilectos en su acción: los niños, la mujer, la raza negra: esclavos y campesinos.

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El padre Usera en Wikipedia

 

El padre Usera en Wikiquote (citas y frases célebres)

 Himno al Padre Usera

Cantemos hoy al Amor de Dios
en Jerónimo Usera,
porque él fundó la Congregación
y su estrella nos orienta

1
Misionero de la verdad,
sembrador de fe y esperanza,
defensor de la libertad,
humanista del alma.

2
Celebrando la fiesta en su honor,
seguiremos sus huellas;
proclamando en la Iglesia su voz,
se abrirán nuevas sendas.

3
Avanzamos en comunidad
con la luz de la fe en nuestras manos.
Hoy queremos que reine el amor
y seamos hermanos.

4
Mi palabra será siempre el amor,
acogida, respeto y plegaria,
y en mis obras los hombres verán
que el amor hoy se encana.

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Instrumental

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Con letra

  • Dame Dios mío más dilatados horizontes

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Descargar en mp3

 

*Video de la vida del Padre Usera - para niños 

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  Nuestro fundador

El 27 de abril de 1864

colegiataEs el día del nacimiento de la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. El obispo Bernardo se trasladó a Toro acompañado del secretario y del capellán. Le esperaban Jerónimo –ahora deán de La Habana–, su amigo D. Francisco Acevedo, mercedario exclaustrado y arcediano de Santander, D. Cayetano Pérez, párroco de la Colegiata, D. Francisco Sánchez, “Alcalde constitucional de Toro”, y otras personas…

Juntos, pasaron al monasterio de las Mercedarias. Resumimos el acta oficial: enterado el Obispo del proyecto de Jerónimo, y de la decisión de las hermanas de seguirlo con espíritu de abnegación tan firme como “para dejar su patria y familia”, “bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María Madre de Dios en su advocación de Concepción Inmaculada”, convocó al grupo “a la reja del coro bajo, por dentro de la clausura, en la que se hallaban”. Les dirigió unas palabras, mandó leer los Estatutos y, aceptados por ellas, bendijo el hábito de las hermanas “y mandó se les vistiesen ayudadas de las religiosas de la comunidad”. Otras breves palabras y entonó el Te Deum que continuaron las hermanas y la comunidad, “procesionalmente por la clausura, volviendo al coro bajo, donde se terminó con las preces y oraciones de acción de gracias”.

Con el “sí” de María y el cántico de gratitud al Padre, nacía en la Iglesia la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. En casa prestada, aunque rodeadas de ternura, para que todo tuviese sabor a la sencillez de Belén… En la vega de Toro, la primavera rasgaba de luz las ramas de los guindales…

En procesión, presidida por el Obispo, las hermanas se dirigieron “entre dos filas de acompañantes”, al hogar que Jerónimo les había preparado, su casa. Con “breves y sentidas palabras… se dio fin al acto”.

Toro vio por vez primera en sus calles a “sus Hermanas de hábito azul”, y quiso celebrar fiesta el día siguiente, acompañándolas hasta la Colegiata, corazón de la ciudad. Celebró la Eucaristía D. Francisco Acevedo. El Obispo, Jerónimo y el párroco, ocupaban los sitiales correspondientes. En la homilía, el Obispo se dirigió a los asistentes, “que llenaban toda la Iglesia”, y les presentó la nueva fundación y el colegio para sus hijas, “único en su clase en todo el distrito universitario de Salamanca”.

De vuelta, la procesión fue acompañada “por los acordes armoniosos de una música bien dirigida”. El salón del nuevo colegio se abrió, por vez primera, para acoger a cuantos pudieron entrar. El Alcalde dio las gracias a todos por la obra realizada –“merced a la iniciativa del señor deán de Puerto Rico”– y declaró abierto el Colegio.

Es significativo el comportamiento de Jerónimo. Durante dos días ha guardado silencio. En los momentos más intensos de su vida prefirió no restar protagonismo al Espíritu, pues todo era gracia. Cuando esperábamos oír qué había sentido durante las emociones contenidas en la primera toma de hábito de las hermanas, el nacimiento de la Congregación, o la fiesta desbordante del pueblo, la crónica se limita a decir que contestó con breves palabras de agradecimiento; pero no las menciona. En todo caso, la gratitud es la respuesta más bella del creyente.

Profesión religiosa de las hermanas fundadoras

La comunidad dio los primeros pasos en la vida religiosa acompañada de Jerónimo. El 30 de agosto, el grupo fundador tomó otra opción decisiva: pedir al Obispo la profesión religiosa para transformarse en instrumentos del Señor “en la instrucción y santificación de las inocentes criaturas puestas a su cuidado… y deseosas de entregarse más de lleno a tan santa tarea”.

“Tan santa tarea”… La formación de las niñas ha significado para ellas la misma experiencia de fe que vivió Jerónimo con los pobres del Barco de la muerte. Las situaciones eran muy distintas, pero el contenido idéntico. Lo importante, para el cisterciense Jerónimo, era ayudarles a descubrir la capacidad de abrir intensamente los ojos y el corazón para sentir la mirada del Otro llamándote, invitándote a salir de tu tierra, de tu ego, y a dejarte sorprender por su grandeza siempre intacta, a compartir su existencia. En el despojo de ti hacia el Otro, descubres la epifanía de los otros, semejantes a ti que te piden lo que necesitan para ser felices. Pero más allá de la epifanía del rostro que presenta M. Levinas, el cisterciense sabe mirar con los ojos de Jesús para quien todo ser humano tiene tal dignidad que merece la pena dar la vida por él, amar sin límites. Estamos en el corazón del evangelio y de las bienaventuranzas que reserva a los pobres, los limpios, los pacíficos, los perseguidos, los que lloran y tienen hambre, el privilegio de ver a Dios y de pertenecer al Reino.

El 2 de octubre Jerónimo presentó al obispo Bernardo las Reglas de las Hermanas y el Manual de oraciones. El 3, éste autorizó “a las primeras Hermanas del Amor de Dios” a emitir “los votos simples… en manos del director espiritual, su fundador”. El día 6, aprobó las Reglas y el Manual. El camino para la profesión estaba definitivamente abierto.

El 16 de octubre de 1864 es otra fecha inolvidable en la historia de la nueva Congregación. Las once hermanas fundadoras, reunidas en la capilla de la casa cuna de Toro, pronunciaban el “sí” al Seguimiento de Jesús, según las Reglas. Jerónimo recibió sus votos en nombre del Obispo y de la Iglesia.

Desconocemos la intensidad del momento histórico, porque no se conservan las palabras que dirigió el Fundador a la mujer nueva que soñó en las Antillas y que se hacía viva realidad consagrándose por vida a realizar la misión de formar a la mujer “con toda perfección”.

  

 

 

 

Fundación 1.864

Venerable Jerónimo Usera

Venerable Sor Rocío