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Sor Rocío, Hermana del Amor de Dios que murió en olor de santidad en 1956, llevó una vida de amor y entrega total hacia los demás. Desde estas páginas podréis acceder al Boletín de Sor Rocío que periódicamente se irá publicando.
BiografíaSor Rocío Rodríguez Xuárez de la Guardia, Religiosa del
Amor de Dios, nació en Colmenar (Málaga) el 16 de mayo de 1923.
Pronto manifiesta deseos de consagrarse a Dios en la vida religiosa; pero su padre le propone esperar y terminar los estudios. María Josefa satisface los deseos de sus padres y, acabados los estudios, y cumplidos los veintiún años ingresa en la Congregación de las Religiosas del Amor de Dios, cambiando su nombre de bautismo por el de Sor M ª del Rocío de Jesús Crucificado. En los años de formación para la vida religiosa, Sor Rocío asimila la espiritualidad de las Hermanas del Amor de Dios y los compromisos de la consagración. Es servicial, cercana a todos, y humilde; el amor a Jesús Eucaristía y a la Virgen caracteriza su vida de seguidora de Jesús. Profesa el 19 de julio de 1947. Este día fue el más feliz de su vida. " Conservo un grato recuerdo de él. Se lo he dado todo a Él. Le he dicho que Sí a todo y quiero seguir diciéndoselo siempre y decírselo sonriendo". Su experiencia del amor de Dios la llevó a una entrega total, alegre y gratuita a todos, especialmente a los más necesitados, a los niños y a los jóvenes. Todos la recuerdan como la maestra ideal y la buena consejera en los problemas difíciles. Los últimos años de su vida los pasó en Roma. Aquí inesperadamente la vida de Sor Rocío se acerca a la meta. Ella lo sabe: " No sé lo que el Señor quiere de mí... No tengo miedo a la muerte, el cielo me lo regalarán porque yo no soy capaz de ganármelo aunque viva hasta el fin del mundo..." El Jueves Santo su estado de salud empeora. Ella está pendiente de todo y se da cuenta de su situación; habla con la Virgen repitiéndole sin cesar: "Llévame, Madre, llévame al Cielo que estar no puedo lejos de Ti... Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía". Y dirigiéndose a los que la acompañaban en este momento les dice: "La vida no vale la pena vivirla, sino es para amar más, mucho más a Jesús y a la Virgen... El consuelo más grande es haber amado con todo mi corazón". Era la madrugada del día 30 de marzo de 1956, Viernes Santo, Sor Rocío comenzaba otra vida, la Vida en la resurrección, aquella que no termina nunca.
Folleto: Una vida entregada por Amor de Dios |
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© 2000/04
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